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El Tren... |
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Entre los recuerdos de mi niñez se encuentra el haber ido con mi padre el Lic. Hector Reichard y mi hermano Hector Jr., en la mañana del ocho de noviembre hasta el lugar llamado el paso a nivel, en Cuesta Vieja de mi pueblo. La impresión que sentí en aquel entonces al ver el tren descarrilado, la atmósfera llena de humo, los muertos mutilados y heridos cubiertos de sangre, es lo que me ha motivado a escribir este artículo cincuenta y dos años más tarde.
El día siete de noviembre de 1944 se iban a celebrar las elecciones
generales en Puerto Rico. Muchos de los electores que votaban en la Isla
habían tomado el tren Núm. 3 a las nueve de la noche de ese
lunes en San Juan. Según se iba deteniendo el tren en las estaciones
de la ruta aumentaba el número de pasajeros. El tren, que traía
una hora de atraso, se detuvo en el desvío Jimenez, de Aguadilla,
cerca de las dos de la mañana para cambiar de maquinista y fogonero
con los del tren Núm. 4 que iban para San Juan. El taller de
Mayagüez había enviado a Jose Antonio Roman, de Mayagüez,
para que terminara la jornada hasta Ponce. El señor Roman, quien era
maquinista de tren de carga, no tenía ninguna experiencia con trenes
de pasajeros. La máquina Núm. 72 llevaba seis coches con cientos
de pasajeros quienes iban a ejercer ese día su derecho al voto y soldados
que se encontraban estacionados en Borinquen Fields, y dos vagones de
carga.
Dieciséis personas murieron y casi cincuenta personas resultaron heridas al descarrillarse el tren. Mario Valentin Ruiz, de Mayagüez, fogonero de la máquina accidentada, fue entrevistado por el señor Oscar Valle, corresponsal del periódico El Mundo en Aguadilla, y relató lo siguiente antes de morir a causa del accidente: "Era imposible reducir la velocidad, y menos cuando empezaba a descender la cuesta". Tan pronto ocurrió el desastre se escucharon las campanas de la Alcadía y de la Iglesia pidiendo ayuda de la ciudadanía. Mientras tanto los vecinos del sector Cuesta Vieja comenzaron a ayudar a sacar a los heridos. Muchos pusieron a su disposición sus vehículos como lo fue don Jose (Cheo) Cortes, que en su guagüita llevó a varios de los heridos al Hospital de Distrito de la localidad. Allí el galeno aguadillano y entonces director del Hospital, Raul R. Acosta y los doctores Fernando Vallecillo y Julio Gil se dieron a la triste, pero necesaria tarea de atender a los heridos, Cuatro militares heridos fueron llevados al Hospital de Borinquen Fields (luego Ramey). El señor Luis Fernandez Lourido, maquinista de la American Railroad Co. se encontraba durmiendo en su casa y al sentir la explosión saltó de la cama, tomó una locomotora en la estación y en minutos llegó al lugar de la tragedia. Allí ayudó a sacar las victimas de los escombros. Todavía hoy recuerda con exactitud aquella madrugada de 1944, insistiendo en que el error fue del taller de Mayagüez, al enviar a un maquinista inexperto. Añade que siente una gran satisfacción porque por tres días condujo la máquina del socorro. Esa noche en el tren viajaba doña Obdulia Ramos, de Hato Rey, quien salvó a su pequeño hijo, Hipolito Rodriguez, al lanzarlo al balcón de doña Dominga Mendez contiguo a la vía. Cuenta doña Carmen Cruz Vda de Cortes que el niño no sufrió daños al caer y que luego fue llevado al hospital donde la enfermera Julia Ortiz cuidó de él y la madre. En otro incidente similar don Pedro Antonio Gonzalez quedó atrapado al descarrillarse el tren, sufriendo una fractura en un pie. Al ver que su esposa Lydia Torres estaba atrapada por una viga, y su hijito de ocho meses no podía salir, rompió el cristal de la ventana con el puño logrando sacar al niño y se lo entregó a una señora que estaba cerca. Volvió don Pedro Antonio a arrastrarse para poder salvar a su esposa y tan grande fue el esfuerzo por levantar la viga que la presionaba, que perdió el conocimiento. Minutos más tarde la brigada de rescate llegó al lugar y la familia fue llevada al Hospital de Distrito. Existe otra historia que recibimos de don Luis Fernandez que cuenta así: "Recuerdo a una criatura de un año. La encontramos con vida en unos arbustos. La madre viajaba hacia Sabana Grande y cuando vio que iba a morir, la lanzó por la ventana siendo más tarde encontrado el cadáver de aquella valiente mujer del coche 2". No hemos podido encontrar el nombre de la valiente madre ni el de la niña. Sin embargo, doña Ligia, esposa de don Luis, me comentó que una vecina le dijo que hacía poco la niña había estado por Aguadilla.
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Last Update April 20, 2007 |