Una noche del año 2002, mientras repasaba detenidamente el censo del
1910 del barrio Frontón de Ciales, pude notar que varias familias
de ese barrio tenían apellidos similares a los de mis antecesores
maternos. Una de esas familia era la de Toribio Rivera Gonzalez y su esposa,
Melania Gonzalez. Tenían ellos una hijita de tres años llamada
Andrea.
Hubiese querido viajar al pasado para hablar con estas personas a fin
preguntarles quienes eran ellos y sus familiares. Ante esa imposibilidad,
ideé buscar algún descendiente de don Toribio y Doña
Melania. Por suerte, gracias a la ayuda bondadosa de Don Leo Martinez, editor
de la revista cultural e histórica Ciales Ayer y Hoy pude, sin mayores
esfuerzos, localizar a Doña Andrea Rivera Gonzalez, la hija de Don
Toribio y Doña Melania. Mi buena suerte es increíble.
Mi encuentro con Doña Andrea el 12 de agosto del 2002, duró
algunos noventa minutos. Durante ese lapso descubrí inmediatamente
que tenía ante mi presencia una persona de carácter bondadoso,
de inteligencia amplia y ademanes sencillos. Resumo a continuación
los detalles que bondadosamente compartió conmigo durante nuestro
encuentro.
Doña Andrea creció bajo el apoyo moral e intelectual de sus
padres. Su progenitor, Don Toribio Rivera, fue un propietario y hacendado
del barrio Frontón. Ejerció la alcaldía del pueblo de
Ciales durante el cuatrienio del 1921 al 1925, pero se retiró de la
política para dedicarse de lleno a sus menesteres agrícolas.
Infundió en sus hijos un interés profundo por la literatura,
incluyendo la poesía y el género teátrico. En su finca
del barrio Frontón Centro, tenía un salón dedicado a
obras teatrales, traídas al barrio por compañías ambulantes
durante el tiempo muerto del cultivo de café. En ese local también
Don Toribio auspiciaba los actos de prestidigitación, presentados
por un caballero cuyo nombre era Carlos Tarniella.
Doña Andrea Rivera completó su educación primaria y
secundaria en Ciales y sus estudios universitarios en la Universidad de Puerto
Rico, y en los Estados Unidos, recibiendo al fin una maestría en
pedagogía. Se consideraba afortunada de haber sido discípula
de Antonio S. Pedreira y Antonia Sáez, entre otros maestros. Como
educadora, fue maestra en la escuela elemental, intermedia y superior,
respectivamente. Luego llegó a ocupar el cargo de Superintendente
Auxiliar de Escuelas en el Distrito Escolar de Ciales en la década
del 60. Su hermana, Doña Antonia Rivera, quien también
participó animadamente en nuestra conversación, se dedicó
igualmente a la educación, primeramente como maestra de drama y
español y luego en calidad de bibliotecaria escolar. Los que conocen
a las hermanas Rivera Gonzalez dan crédito a la labor cultural y
comunitaria desempañada por estas damas.
La familia Rivera Gonzalez está emparentada con varias familias
prominentes de la localidad. Doña Andrea habló con simpatía
extrema de uno de sus parientes, Juan Antonio Corretjer, eminente poeta
cialeño y figura descollante del movimiento independentista en Puerto
Rico. Don Juan Antonio fue su primo, condiscípulo y compañero
de aficiones literarias junto a otros jóvenes de aquellos tiempos.
Las hermanas Rivera Gonzalez también son parientes del Doctor Antonio
J. Gonzalez, reconocido economista y vanguardista político
puertorriqueño.
La educación literaria y la influencia que recibió Doña
Andrea de su padre, de sus maestros y de su mentor, Don Juan Antonio Corretjer,
fue evidentemente fructífera. Durante mi visita a su hogar me regaló
un libro escrito por ella, de contenido poético y biográfico.
Su poesía es imaginativa y salpicada de fe. Sus apuntes biográficos
sobre Corretjer ofrecen una visión simpática de aquél
hombre que tanto amó a nuestra tierra y a su gente.
El beneficio mayor que recibí de mi visita al hogar de Doña
Andrea fue reencontrarme con la bondad de nuestro pueblo puertorriqueño,
personificada en dos hermanas muy gentiles. Los puertorriqueños somos,
indudablemente, una gran familia colectiva de muchos apellidos.
Lamentablemente, la Sra. Rivera Gonzalez se movió a otra esfera
existencial en julio del 2003. Aún así, su bondad perdurará
en el recuerdo de los moradores del obsequioso pueblo cialeño.
Que descanse en santa paz. |