| Por Rita Julia Ramirez
Los cuatro años de labor constante en la escuela que hoy abandonamos,
años que como cinta cinematogáfica de larguísima e
impresionante duración han pasado ante nuestros ojos ávidos
de emociones, se han perdido en la vorágine del tiempo y no volverán
a aparecer, porque pertenecena la historia y sólo en los instantes
en que dejamos vagar el pensamiento por las pasadas etapas de nuestra vida
vuelven a surgir como fantasma del pasado, en el escenario de nuestros recuerdos.
Y la historia de esos cuatro años, inolvidables compañeros,
es la tarea que me habéis encomendado, tarea algo difícil por
cierto. Deseos se me sobran pero facultades no. Por lo tanto, perdonad los
errores y deslices en que incurra.
Empezaré después de tanto preámbulo la concebida historia.
Fué na fria mañana del mes de septiembre del año 1929
que treinta estudiantes nos reuníamos para empezar nuestras arduas
tareas en la lucha estudiantil.
Al principiar nuestra labor creímos que nuestra vida sería
algo fácil, pero nos equivocamos. Las largas asignaciones de nuestros
queridos maestros agotaron nuestras fuerzas y para recobrarlas tuvimos que
hacer grandes epopeyas con las empanadillas de Rosalia. ¡Cuánto
gozábamos cuando Julio pedía permiso para ir afuera y cuando
regresaba traía una docena de ellas!
Recordamos nuestra excursión a la central Eureka. ¡Cuánto
sufrimos! ¡Cuánto gozamos en aquella tarde! Recordemos también
en aquel año a Eloisa Vega (alias Teacher) con sus grande deseos de
ser profesora.
Compartiendo todos nuestras alegrias y pesares. Fué el primer año
un conjunto feliz para nosotros.
Llegó por fin el deseado segundo año. El cuerpo de profesores
fué completamente alterado. Aquel año fue un año de
luto para nosotros. El inglés de Miss Mac. y la geometría de
Mr. Casiano redujeron nuestro número a doce. |
Recordamos aquel año por la agricultura, pestillos
por doquier, sentados a la sombra de un mango cantando sus trobas a la luna.
También recordamos los robos de las plantas y la triste suerte que
corrieron las gallinas del jefe de la policía (R.I.P.) entre los
muchachos.
Aquel año nos abandonaron Peyin Graniela (alias boca de pato), Luz
Figueroa (corista), Haydee Fernandez, Salvador Bahr, Nereida Acosta y Rosario
Castro, adorado tormento de Jorge.
Muy pronto nos encontramos formando parte de la clase Junior del 1933. El
sexo femenino quiso desligarse de aquella clase dejando como único
superviviente y representantes a la simpatiquísima Pucha y a éste
humilde recopilante de hechos pasados.
Recordamos este año las victorias obtenidas por el equipo de baloncesto
compuesto de Romualdo, Jorge, Eduardo, Pincho, Rarfael, F. Ramirez (que por
discusiones con Mr. Casiano nos abandonó a mediados de año),
Reinaldo Martinez y Nayip Fas.
La clase de biología nos marcó algunas etapas recordando siempre
las diferentes excursiones al campo en pos de insectos para nuestra
colección.
Empezó el cuarto año. Por fin llegamos al último
peldaño que marcaba la ruta de nuestros estudios superiores. Nos
abandonaron en esste año, Nayip, Reinaldo y Edwin (campeón
de ausencia) restábamos ocho. Nada hubiésemos conseguido sin
la ayuda de la Srta. Carmen D. Sepulveda nuestra hábil consejera.
Ultimo año, año de interesantes luchas y que recordaremos las
rebeldías de Julio, las conquistas de Ana, la vagancia de Jorge y
de Eduardo, las tallas de Rafael, la sonrisa burlesca de Pincho, el cuerpo
de Romualdo, las peleas de Miss Mac., el esfuerzo de Mr. Rivera y el silencio
de ésta humilde historiadora.
Y recordaremos siempre los sacrificios que tuvimos que vencer para dar publicidad
a nuestro anuario.
----Y así se condujo la clase de 1933 que hoy se ciñe los gloriosos
laureles de la victoria. |